Aprender por el placer de aprender

Manuel MorenoAprender es esencialmente un proceso de placer, en el sentido de que buscamos aprender porque esperamos que con lo aprendido seamos más felices. Así se gozan las esperanzas de aprender, los momentos en que se aprende y los aprendizajes logrados. Si evocamos los aprendizajes que han tenido sentido para nuestras vidas, nos encontraremos con que muchos están ligados a momentos de alegría por los resultados obtenidos. Pudo haber sido aprender a nadar, que  nos permitió gozar del rio o la alberca; andar en bicicleta y no sentirnos ya excluidos del grupo de amigos; tocar la guitarra para ser protagonistas de las fiestas.

Desde luego no son sólo los aprendizajes fuera de la escuela, también puede haber aprendizajes escolares placenteros, aunque desafortunadamente no son los más. Algunos docentes nos preguntamos ¿Por qué algunos chicos que se manifiestan tan inteligentes y participativos en los deportes, se ven tan apáticos y poco brillantes en clase? Esa gran habilidad psicomotora con que se mueven en la portería del fut bol; esa percepción de tiempo, espacio y velocidad con que dan ese pase tan preciso a sus compañeros de equipo y la gran capacidad de anticipación y de búsqueda y organización de información que desarrollan en los videojuegos ¿Por qué no se manifiestan en las aulas escolares? Hay mucho que indagar en ese campo, muchas explicaciones pendientes, con una premisa como telón de fondo: aprender es un placer, aunque no necesariamente lo que se aprende en la escuela.

En efecto, no necesariamente lo que se aprende en la escuela es placentero, es más, suele haber y de manera abundante intentos de enseñar aburridos y sin sentido. Pero también puede convertirse la escuela en un espacio de goce educativo, donde se disfrute del aprendizaje por lo atractivo de sus procesos y lo motivante de sus resultados.

Termino con una invitación a que gocemos la educación; que nos divirtamos con las matemáticas; que disfrutemos los experimentos de Física y Química; que sea un placer el estudio de la naturaleza y que vivamos la emoción de los relatos literarios. Si como nos decía Platón, el fin de la educación es la felicidad, tristemente van a cumplir con esa función las escuelas tristes.

La felicidad no puede esperar, debe estar presente en todo momento y hecho educativo, en ese sentido nuestra función como educadoras y educadores es educarnos y educar para gozar de la vida, gozando la vida.